Mi primer acercamiento a Marina fue a principios del año 2012 por un aviso en una revista barrial que ofrecía talleres para mujeres, tuve una entrevista con ella, aun no estaba formado el grupo y me ofreció hacer terapia individual, yo en ese momento estaba en tratamiento con un psiquiatra por primera vez en mi vida, tenía 31 años, estaba medicada para callar mi angustia y poder dormir, y así poder seguir cumpliendo con todas mis responsabilidades, estaba apagada, triste, angustiada, no encontrando sentido a absolutamente nada, solo hacia lo que debía, la medicación solo permitía que este de pie.
Un año más tarde cambie de trabajo y mis horarios laborales no coincidían con los del psiquiatra por lo tanto acudí a Marina, estaba tocando fondo fuerte, la víctima y la pobrecita se habían apoderado de mí, jajja, para mí, mi vida era una mierda, que estaba en esta vida para pasarla mal, que nada bueno me ocurría ni me podía ocurrir, que no tenía sentido estar acá, todas las noches le pedía a Dios no despertarme más (por suerte no me escuchó), no encontraba motivación para abrir los ojos a la mañana, todos mis días iguales, ponía mucha voluntad para levantarme e ir a trabajar y ser la excelente y perfecta empleada que siempre fui en mis trabajos, lo daba todo a pesar de sentirme que no podía más con nada.
Así que desde el 2013 hasta diciembre de 2019, comencé mi camino de terapia individual junto a Marina, fueron casi 7 años de terapia ininterrumpidos, jamás falte a una sesión, y me comprometí conmigo misma a cambiar y con Marina (me dedicó mucho tiempo, amor, acompañamiento de todo tipo), yo no quería vivir así y sentía que otra manera tenía que haber, no sabía cuál, ni como, ni por donde, solo me entregue al tratamiento para sanar y lograr sentirme bien conmigo, fue un camino de deshacer todo lo que no era, como una cebolla tuve que ir sacando capas y capas, de todo lo que no era para llegar a quien soy hoy. Aún sigo trabajando en mí y redescubriéndome día a día.
A los 2 o 3 meses ya había dejado la medicación psiquiátrica sin que Mari me diga nada, lo fui haciendo a consciencia y paulatinamente, y nunca más tome esas pastillas que solo enmudecían lo que gritaba por salir que estaba en mi interior.
Tuve que ver de frente todo lo que escondía tras mis máscaras de: la silvina buena, la buena hija, la buena amiga, la buena empleada, la buena novia, bla bla bla, la perfecta, la exigente, la servicial, la que siempre estaba para todo el mundo, la que sonreía cuando estaba enojada, la que callaba para no confrontar, la que se odiaba frente al espejo, la que se sentía que no era suficiente, la que no podía, la abandonada, la manipuladora, la que tenía vergüenza de hacer el ridículo, la que se creía inferior a todo el mundo, la que se sentía el patito feo, la loca (tengo una mama bipolar con varias experiencias de locura) por lo tanto crecí con el fantasma de no ser como ella, y si no arreglaba todo esto que mencione iba camino a ser igual o peor, no es nada agradable ver todo esto, pero es muyyy liberador, al pasar el tiempo pude agradecer cada experiencia que viví comprendiendo que se me presentaron para sanar y liberar memorias, obviamente todo este trayecto fue iluminado y acompañado de la mano de Marina, yo no confiaba en mí , en que iba a poder sanar y trascender tantas cosas, sino fuese por la dedicación y empeño de Mari no sé si hubiese podido, también tenía graves problemas de autoestima, Marina me fue enseñando a armarla y a aprender a confiar en mí, me parece que no tenía autoestima, jajja, hoy me puedo reír de todo esto, no es un camino recto, pero fui aprendiendo que puedo vivir de otra manera, que puedo elegir como quiero vivir cada situación que se presenta, desde el drama o desde la aceptación, que si se presenta es por lago, puede ser para algo maravilloso, para trascender algo, para aprender pero no para hacerme desdichada.
Algo muy gracioso, Marina en varias oportunidades me quería dar el alta y yo lloraba y le decía que no, que no iba a poder sola, así que me fue espaciando las sesiones paulatinamente hasta que me dio el alta, esto es otra cosa más a destacar de Mari, no quiere pacientes Marina dependientes, quiere pacientes que puedan gestionar sus estados solos, con las herramientas que ella nos brinda, generando en cada uno la seguridad de que uno se puede sacar de donde está empantanado.
Tengo mucho más que contar de mi experiencia con Mari, actualmente participo de dos talleres porque es el camino que elijo para seguir evolucionando y sanando, participo del taller trascender y del grupo de Estudio de UCDM, y además hoy me desempeño como asistente de Marina.
Yo no tengo más que palabras de agradecimiento!!
Silvina Ieno
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